Tic, Tac, empieza la cuenta atrás
El próximo 13 de mayo, en la Casa de las Conchas de Salamanca, será la presentación de mi nuevo libro:
BICABRÁ
1.
Bicabrá parece un
conjunto de relatos muy diversos. ¿Cuándo descubriste que había un hilo común
que los unía?
Cierto, es un puñado de relatos escritos a lo
largo de diez años, que abarcan, en principio, temas diferentes, y en los que
alguien podría apreciar una evolución en mi estilo personal de escritura, por
lo que, quizá, él lector pueda pensar que hay una desconexión entre ellos. Algo
que me preocupó una vez seleccionados. Así que me puse a reflexionar sobre
ello. Los agrupé en cinco apartados: Madrid, El trabajo, El Amor y el Desamor,
Despoblados e Historias del pasado. Fue entonces cuando caí en la cuenta de que
había algo común a todos ellos: la humanidad de sus personajes.
2.
En el libro conviven
inocencia y oscuridad. ¿Te interesa más explorar los extremos... o te interesa
más lo que hay entre ellos?
Como en estadística, creo que en literatura
lo interesante siempre está fuera de los límites normales, en los extremos. Así,
el relato que abre la narración, “¿Qué es un sinvivir, mamá?”, muestra la
inocencia inmaculada de un niño de muy corta edad, que anhela tener en casa a
su padre ausente y se refugia en el papel pintando en él una casa. En las
antípodas está la historia de un parado, golpeado muy duro por la crisis económica,
que se plantea el suicidio. Dos situaciones extremadamente opuestas.
3.
Tus personajes están
llenos de contradicciones. ¿Crees que ahí es donde realmente aparece lo humano?
Sí, sin duda. Creo que lo contradictorio es
un rasgo constante en todo ser humano. Por ejemplo: siendo simples mortales, vivimos
como inmortales, o, irracionalmente, gastamos nuestra vida trabajando en exceso,
cuando la realidad es que ansiamos la libertad, más tiempo libre. Y, claro, a un
personaje, si pretende ser verosímil, no le queda otra que mostrarse
contradictorio.
4.
Has pasado por
distintos géneros y registros. ¿Qué te permite el relato que no te da la
novela?
Aunque no es nada fácil escribir un relato,
ya que ha de caber en un espacio muy limitado sin caer en lo anecdótico, fútil
o insustancial, transmitiendo al lector un mensaje casi siempre complejo, el
relato es infinitamente más manejable que la novela, la cual exige una
exhaustiva planificación previa y, posteriormente, una revisión agotadora. Un
relato de cinco a quince páginas puede abarcarse muy fácilmente, mientras que
una novela, de entre doscientas y cuatrocientas páginas, no. Así las cosas, la
práctica del relato es capaz de proporcionarle al escritor principiante muchas
satisfacciones casi inmediatas, de lo que doy fe, mientras que la de la novela,
sin haberse curtido en la del relato, es poco menos que una misión
imposible.
5. Muchos de los textos nacen de etapas distintas. ¿Ha cambiado tu mirada sobre ellos al reunirlos en un mismo libro?
No
lo sé, creo que sí. He querido respetar su esencia, pero algunos no resistieron
mi mirada crítica, desarrollada tras largos años, y acabaron siendo reescritos,
lo que los salvó de ser desechados. En los primeros tiempos de dedicación a la
escritura me preocupaba mucho el estilo, puntuar bien, elegir las palabras y el
tono adecuado, eliminar obviedades y redundancias... Y ahora me centro más en
las emociones que mi escritura pueda provocar en el lector; que haya intriga,
tensión narrativa, sorpresa... No basta con escribir bien, no, una narración ha
de ser mucho más, tiene que conmover al lector. En este sentido, pienso que la
peor crítica que pueda recibir un escritor es que le digan de su obra,
escuetamente, sin más, que está bien escrita. Supongo que será lo mismo que si
le dicen a un piloto de carreras que conduce bien. Aunque, claro, en la última fase, la de la
revisión, ningún texto se debe salvar de someterse a un cribado que señale los
defectos de redacción y estilo.
6. Tras una trayectoria profesional ajena a la literatura, ¿qué te empujó a tomarte la escritura con esa profundidad en los últimos años?
Siempre
me atrajo la lectura y la escritura. De niño escribía a escondidas algunos
poemas y me encantaba recitar en silencio a Bécquer o Lope de Vega. En una
ocasión, siendo ya adolescente mi padre me sorprendió leyendo “Cesar o nada” de
Pio Baroja. No deberías
leer eso, me dijo
entonces. Y cuando llegó el momento de decidir los estudios superiores a seguir
me disuadió de tomar el camino de las letras, y me decidí por Ciencias
Económicas. Una decisión pragmática, aunque quizá de algún modo errada, esto
nunca lo sabré. A lo hecho pecho. Pero al acercarse mi jubilación retomé con
decisión el instinto literario dormido durante tantos años.
7.
En Bicabrá hay
memoria, deseo, conflicto… ¿qué emoción dirías que atraviesa todo el libro?
¿En
qué sentido?
Si he de referirme a las emociones
experimentadas por los personajes, podría decir que las provocadas por los
sentimientos del amor y del deseo, que son los más recurrentes a lo largo del
libro. pero también de la ternura, del desamor y el hastío, la soledad, la
pena, la nostalgia, la inquietud, el rencor, la piedad o la derrota.
Y
si tuviese que referirme a las que provoque el libro en los lectores, no sabría
qué decir. Espero que sean ellos quienes se emocionen y empaticen con los
personajes.
8.
Si el lector tuviera
que quedarse con una sensación al cerrar el libro, ¿cuál te gustaría que fuera?


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